Sacristán, Gimeno J. (1998).
Madrid. Editorial Morata. Págs. 373-403.
El curriculum abarcado por los procedimientos de evaluación es, en definitiva, el curriculum más valorado, la expresión de la última concreción de su significado para profesores que asÍ ponen de manifiesto una ponderación, y para alumnos que, de esa forma, perciben a través de qué criterios se les valora.
En este sentido, el énfasis que pongan los procedimientos de evaluación sobre determinados componentes curriculares es un aspecto más de la transformación del curriculum en el curso de su desarrollo dentro de las condiciones escolares.
Modulación que a priori no es despreciable, conociendo la carga Institucional y
Psicológica que tienen los procedimientos de evaluación en las aulas. Desde una perspectiva interna escolar, el curriculum enfatizado es el seleccionado de hecho como contenido de los procedimientos de control. Lo que la experiencia de aprendizaje significa para los alumnos la transmite el tipo y contenido de los controles de que es objeto, bien se trate de procedimientos formales o informales, externos o realizados por el propio profesor que pondera un determinado tipo de contenido.
De alguna forma, la enseñanza se realiza en un clima de evaluación, en tanto que de alguna forma, la enseñanza se realiza en un clima de evaluación, en tanto que las tareas escolares comunican criterios internos de calidad en los procesos a realizar y en los productos de ellas esperados, y, por tanto, se puede afirmar que existe un cierto clima de control en la dinámica cotidiana de la enseñanza, sin que necesariamente deba manifestarse en procedimientos formales que, por otro lado, son muy frecuentes. Un alumno sabe que le evalúan cuando le preguntan, cuando le supervisan tareas, cuando el profesor le propone una línea de trabajo cotidiano, cuando le desaprueban. En toda esa dinámica y clima, desde perspectiva del alumno, se configura un criterio acerca de lo que entenderá por aprendizaje valioso de calidad.
Por tanto, la realización y concreción de significados del Curriculum, no es ajena a ese clima de evaluación, que explícitamente puede apreciarse en el tipo de aprendizajes que quedan resaltados por sistemas de control formal dominantes.
La evaluación actúa. pues, como una presión modeladora de la práctica curricular, ligada a otros agentes, como la política curricular, el tipo de tareas en las que expresa el currículum y el profesorado eligiendo contenidos planificando actividades.. Los mismos materiales que traducen el currículum señalan en innumerables ocasiones especialmente en la enseñanza primaria, qué saberes y destrezas deben ser enfatizados y valorados.
Existe una presión se ejerce a través de la evaluación que realizan Ios profesores.
La fuerza de las evaluaciones formales e informales del profesor como
ponderación de determinados componentes del currículum e siempre importante, y se convierte en la única realizada explícitamente cuando, como es nuestro caso,
no existen controles externos en e sistema educativo. El único procedimiento de control real del currículum es preciso apreciarlo en las pautas internas del
funcionamiento escolar y en los procedimientos de evaluación que formal e
informalmente realizan los profesores, aunque se justifique la evaluación con
fines de diagnóstico del progreso del aprendizaje.
Las evaluaciones tienen de hecho varias funciones, pero una muy destacable:
servir de procedimiento para sancionar el progreso de los alumnos por el
currículum secuencializado a lo largo de la escolaridad, sancionando la promoción de éstos. Dicha función reguladora del paso del alumno por el sistema escolar es inherente a la misma ordenación del currículum como sistema organizado, y es difícil pensar en otra posibilidad. Los alumnos y el mismo profesor no distinguen procedimientos de evaluación realizados con propósito de diagnóstico de otros con función sancionadora de estados de aprendizaje con vistas a la promoción del alumno por el currículum regulado dentro de la escolaridad. Aunque la educación obligatoria no sea selectiva, la evaluación realizada dentro de ella gradúa a los alumnos, los jerarquiza, porque así ordena su progresión.
La evaluación democrática del curriculum puede contemplarse como un servicio de información a la sociedad sobre las características de la realización del mismo (MACDONAL, 1983). La dimensión social y política de los procedimientos de evaluación a que se somete la práctica curricular es evidente y así ha sido resaltada por múltiples autores [APPLE (1974), HOUSE (1980), SIMONS (1987), entre otros]. Si no existen esos diagnósticos, la única noticia de funcionamiento del sistema escolar y del curriculum se reduce a los datos proporcionados por el profesor en las evaluaciones de los alumnos. Esto explica la prolija reglamentación a que, en nuestro sistema escolar de primaria y secundaria, se ve sometido el tema de la evaluación, aparte de ser un aspecto más en el que se aprecia el intervencionismo pedagógico.
La evaluación para el diagnóstico y el control democrático de la calidad de la
Enseñanza y del curriculum impartido puede ser vista como una amenaza para la autonomía de las partes, especialmente de los profesores, pero es también el recurso para evitar la patrimonialización de una actividad, y es precisa para el funcionamiento de una sociedad democrática.
Actividades:
1- Según tu parecer ¿que significa evaluar?
2- ¿Para que sirve la evaluación?
3- Explica lo afirmado por Macdonal “La evaluación democrática del curriculum puede contemplarse como un servicio de información a la sociedad sobre las características de la realización del mismo”
4- ¿Cuales son los criterios de evaluación para tener en cuenta?
Enviar por mail el martes 26 de mayo –Alumnos IFDC de Arte
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